Gastronomía
La degustación del menú: cómo sacarle todo el partido a la mejor cita de los preparativos
De todos los trámites de organizar una boda, hay uno que no es un trámite: la degustación. Una mesa puesta para vosotros, el menú de vuestra boda plato a plato, y una única obligación: comer y opinar. Bien aprovechada, es la cita que más decisiones resuelve de todos los preparativos. Aquí va la guía para exprimirla, contada desde el otro lado del mantel.
Qué es (y qué no es) la degustación
La degustación es la prueba real del menú de vuestra boda: los mismos platos, la misma cocina y el mismo nivel de exigencia que el gran día. No es un menú de muestra genérico ni una comida comercial con carpeta de por medio. Si el espacio que estáis valorando no ofrece probar el menú antes de contratar, anotadlo en la columna de las dudas: un menú de boda no se elige sobre plano.
Antes de ir: los deberes (fáciles) que conviene traer hechos
- Pensad en vuestros invitados, no solo en vosotros. ¿Mayoría marisquera? ¿Muchos niños? ¿Invitados de fuera que van a alucinar con una mariscada gallega? El menú perfecto es el que hace feliz a la mesa siete, no solo a la presidencial.
- Traed la lista de alergias e intolerancias que ya conozcáis. Celíacos, veganos, alérgicos: cuanto antes lo sepamos, antes convertimos «el menú especial» en un plato del que nadie se compadece.
- Decidid quién viene. Dos personas deciden mejor que seis. Si queréis traer refuerzos (madres, sobre todo), bienvenidos sean — pero acordad antes quién tiene la última palabra.
- Venid con hambre. Parece obvio. No siempre pasa.
Durante: las preguntas que merecen respuesta
Mientras probáis, preguntad sin vergüenza. Estas son las que más ayudan a decidir:
- ¿Este plato aguanta bien el servicio para 150 personas? Todos los platos están pensados para ser servidos a grupos grandes, pero no todos están pensados para bodas grandes. Preguntad al equipo si son adecuados para el tamaño de vuestra boda.
- ¿Qué combina mejor con el primero que hemos elegido? El menú es una secuencia, no una lista: después de un bogavante, el segundo pide una cosa; después de unas vieiras, otra.
- ¿Qué funciona mejor en la fecha de nuestra boda? No es lo mismo un mediodía de agosto que una cena de octubre. La temporada manda en el producto y en el apetito.
- ¿Cómo se sirve y cuánto dura cada pase? Los tiempos del banquete marcan el ritmo de toda la fiesta.
La eterna duda: ¿carne o pescado?
La respuesta gallega es «sí»: la mayoría de nuestros menús resuelven el segundo con una opción de cada, o con un plato principal potente tras un primero de marisco que ya ha hecho historia. Si vuestra guerra es entre dos primeros de marisco, tomad nota de lo que hacen las bodas más celebradas del Pazo da Golpelleira: servir los dos. Hay ocasiones en que elegir sería un error.
Después: cómo decidir sin arrepentirse
Nuestro consejo es que os dejéis aconsejar por el equipo de expertos de Sens Restauración. El menú está vivo: podréis hacer las modificaciones que estiméis oportunas hasta 15 días antes del evento, porque a veces es mejor pensarse dos veces la elección. Y no intentéis meterlo todo en el menú: un menú memorable tiene forma de historia —apertura, clímax, dulce final—, no de inventario.
Un menú de boda no se elige sobre plano: se elige con el paladar.
Última cosa: la degustación también os está probando a vosotros el equipo. Fijaos en cómo os escuchan, qué pasa cuando pedís un cambio, si os hablan claro sobre lo que funciona y lo que no. Así exactamente —con esa misma atención o con esa misma desgana— os van a tratar el día de la boda. Elegid en consecuencia.